martes, 5 de julio de 2016

"Veranito malaguita, o no. Veranito"

Es un hecho contrastado, el que casi todo el mundo relacionemos las vacaciones, que tenemos la suerte de disfrutar, con la piscina y la playa. Nos depilamos, nos compramos los trajes de baño, vamos al gimnasio, hacemos dieta, con tal de lucir palmito en una tumbona, en una toalla o de postureo en el chiringuito de la playa, o ese que está de moda y que tiene macro piscina, donde una botella de champán, vale la entrada de un piso.

El verano es así, nos encanta ver y ser vistos, mirar y ser mirados y admirados, eso sobre todo, admirados, seguidos, nombrados e idealizados. Pero yendo un poco más allá y analizando el fenómeno glamuroso de las playas y piscinas, pondré un ejemplo de como ese glamour se viene abajo, cuando en esos idílicos paraisos se cuela la merdellonez, la ausencia de vergüenza e incluso la cara dura.

Recuerdo hace unos años, que nos fuimos a pasar unos dias a un complejo hotelero en una zona de costa, aquí en Andalucía, la provincia no importa, el hotel es lo de menos, lo que importa es la poca vergüenza del señorito, que con muy mala saña le arrebató a mi suegra una tumbona, diciendo que era suya, una tumbona de plático y con una lona roida de color azul propiedad del hotel, que en invierno yacen unas sobre otras. Vamos a ver, eso no es motivo, para arrebatar una tumbona, el verla vacia y sin dueño, merdellones de vacaciones.

 Al poco tiempo nos enteramos que la gente que iba a esos hoteles, madrugaba más por coger una tumbona que por ir al trabajo. Será el sol y el exceso de comida que se ponen en los platos, en el buffet, para luego tirarlos, lo que multiplica los desvaríos mentales.

Es un fenómeno a analizar,  el hecho de que una persona saque sus más bajos instintos en el tiempo de vaciones. Efectivamente el ser humano viene del mono, por eso el hombre no ha evolucionado. Un detalle que no quiero que se me pase, son las excursiones de jubilados. Observar como son capaces de comerse todo el catering de un hotel y llenar los platos de paella con patatas fritas, es un claro ejemplo, no de ganas de comer, sino de ganas de tener una subida de los trigliceridos de 1 a 400 en cero coma, o de como la agonia a cierta edad y rodeada de las mismas personas en las mismas condiciones, multiplica el merdellonerio del jubilado. Es una especie de carrera a ver quién llena los platos de los más variados manjares.

Vámonos a la piscina con ese chaval, recién salido de la selectividad, que le dice a la chica que le gusta y que lleva todo el curso, sin saber como invitarla a salir: "Naiara del Carmen, te vienes a mi piscina" y a Naiara del Carmen,  se le multiplica el brillo de los ojos azul prusia. Va con mamá a  comprarse un bikini de Calzedonia. Se compra ese bikini de la chica del anuncio de la marquesina del bus, se llena de abalorios y  las autenticas chanclas brasileñas, se asegura de tener cargado el móvil  para una larga jornada de Whatsapp y Facebook e introduce todo lo necesario para pasar una jornada en la piscina. Incluido el set de maquillaje water proof.

Entonces Braulio de Asís, ese chaval recién salido del acné, algo miope pero que va a estudiar una Ingeniería Industrial, se afeita después de un més, se introduce en su bañador fosforito y se pone la gorra de rapero trasnochado. Es su dia. Lo que no sabe es que se le ha olvidado un detalle: su piscina es comunitaria, de un aforo para 40 personas enlatadas y eso Naira del Carmen lo ignora, es más sueña con esa barbacoa, esos mojitos y esas fotos de piernas depiladas que se confunden con salchichas frankfurt. Y esas etiquetas en Facebook, con más imaginación que realidad.

Naiara del Carmen, llega a la puerta de la urbanización acompañado por su padre, en un Audi A10. Y comienza la sospecha y el tercer grado, Naiara, con tal que el padre desaparezca, responde con evasivas en una historía tan improvisada como ésta.

Braulio se derrumba, cuenta su verdad, que no le dio tiempo a confesar, pero Naiara del Carmen, esta enamorada, se dan un beso en esa especie de bañera que es la piscina comunitaria, entre empujones y niños prepuberes saltando y gritando hasta el punto que la chica es sacada como en los macroconciertos, hacia el cesped artificial. Que bonito es el amor de verano. Y retransmitirlo por Facebook, para que nos enteremos todos, incluso el Monigote para  inspirarse.

Y mientras la Malagueta, que no es la Malvarrosa, pero que tendrá uno de los más lujosos hoteles del Paseo de Sancha y de España, tiene nata en el agua de sus costas, pero no la nata de un blanco y negro de casa Mira. No. Es un eufemismo para denominar a la mugre, que flota en el agua del mar, si lo decimos de una forma más castiza: mierda. Con perdón. Algo habrá que hacer, porque ese no será un hotel del Imserso, no, será un hotel para turistas "con taco". No está bonito que ese precioso  hotel, que antaño fuese Palacio de Justicia, tenga una playa privada con nata montada. Eso es el toque malaguita a un pedazo de proyecto. Les deseo mucho exito y poca nata.

Pués ésto es sólo una muestra de lo que puede ser el verano, con protagonistas como el selfie a todas horas, los bañadores fluor, el top less en la Misericordia, los paseos en Muelle 1, los desfiles de modelos recién salidas de la Academia y una Feria que acecha y advierte. Es ese momento en el que el malaguita está en boca de todo el mundo, puede ser trender tropic, por una merdellonada o como hace unos años en el Guetto de Caneda por una felatio en plena calle.

Es verano, Braulio y Naiara, están enamorados, aunque la experiencia de ella en esa lata de conservas llamada  piscina fuese un mal sueño, la dama y el vagabundo, una historia de amor y piscina. De más recalientamiento de bajeras y mucha playa de Huelin, aunque Naira es una chica bien, que tiene piscina privada y una sala de musculación. Verano malagueño de ficción pero que podia ser cierto de no ser porque estas Crónicas de un Monigote, están escritas en vacaciones.

@jcebreros20

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